Hace unos seis meses, David Sierra y yo os deseábamos feliz solsticio de invierno con este pequeño relato. Lo malo es que ahora nos ha dado por pensar que, si quisimos celebrar con vosotros el invierno, sería injusto no conmemorar de igual forma el solsticio de verano. Dentro de poco lo mismo nos ponemos con los equinoccios. De momento aquí os dejo este poema ilustrado esperando que, como una rodaja de sandía, refresque un poquito las largas horas de calor. Felices vacaciones… si las tenéis.

 

 

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Y felices sudores.