Hace ya bastante, un mediodía de diciembre de 2007, recibí en el móvil una llamada de un número desconocido. Un tal Pablo Cruz me anunciaba que había ganado el XXVI Concurso de Narrativa Infantil Vila d’Ibi convocado por el ayuntamiento de esta localidad alicantina en colaboración con la editorial Anaya. Casi ni recordaba que, unos meses antes, había pasado todo un caluroso mes de agosto frente al ordenador y viajando por las alcantarillas sin salir de mi habitación.

No se me da demasiado bien escribir sobre emociones, especialmente sobre las propias. Lo único que se me ocurre decir es que aquella noche no dormí ni un solo minuto. No hacía más que pensar en mi futuro libro. Mi primer libro. Klaus Nowak, limpiador de alcantarillas.

El sábado pasado, también a mediodía y casi exactamente diez años después, mi móvil volvió a sonar.

Las cosas han cambiado bastante desde la primera llamada misteriosa. Mi móvil, por ejemplo, que ahora tiene colores, y WhatsApp, y decenas de iconos que no sé ni para qué sirven. También ahora sé quién es Pablo Cruz, que de trabajar como editor pasó rápidamente a dirigir el departamento de Literatura Infantil y Juvenil de Anaya. Y supongo que he cambiado yo, que poco a poco voy aprendiendo más sobre todo el trabajo que supone producir un libro.

Pero no he debido de cambiar tanto, porque cuando descolgué el teléfono y el mismo Pablo me comunicó que había resultado ganador del Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil, no sentí menos nervios ni menos emoción que allá por 2007. Y tampoco ahora puedo hacer más que pensar en mi futuro libro: Apestoso tío Muffin, que nuevamente publicará Anaya.

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La historia del pobre Muffin y su falsa sobrina Emma (ya contaré más sobre ellos llegado el momento) lleva años dando vueltas en mi cabeza y mi ordenador. Tanto es así que ambos aparecen ya en esta ilustración de hace años que voy a mostraros, en la que David Sierra me dibujó rodeado de algunos de mis personajes. Ahí están los O.T.R.O.S., Viktor y Olinda Mutig, Luke Ackermann y su sapo Globo, el monstruo que se esconde en el buzón de correos (también él se atreverá a salir a la luz algún día)…

 

Personajes

 

Y además, emergiendo de su alcantarilla, está Klaus Nowak, justo detrás de una pareja que camina de la mano: Muffin y Emma. Yo siempre había creído que Klaus me estaba mirando a mí, pero ahora creo que, tal vez, los miraba a ellos. No digo más.

Bueno, solo una cosa: ¡muchas gracias! A los miembros del jurado, al Sr. Anaya (así lo dijo un niño en un encuentro), a los que me animaron a participar, a los que me ayudan a corregir…

 

 

…y, sobre todo, a los lectores.