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Un sombrero fantabuloso

 

Portada Un sombrero Fantabuloso

 

«Hay sombreros y sombreros.

Sombreros elegantes y sombreros ridículos.

Sombreros con cinta y sin cinta.

Con pluma y sin pluma.

Para el sol y para la lluvia. Para jugar o para aburrirse.

Para saludar o para esconderse.

Pamelas, gorras, turbantes, cascos, boinas y sombreros de vaquero. Hay sombreros y sombreros. En su taller el señor Crockett los fabrica a cientos».

 

Un sombrero fantabuloso 1

 

Este es el comienzo de Un sombrero fantabuloso, mi primer álbum ilustrado.

El señor Crockett, encantador y meticuloso sombrerero, está a punto de recibir el encargo de su vida: fabricar la mágica chistera de Max Truco, el ilusionista. No basta con que sea fabulosa, no basta con que sea fantástica. Tiene que ser… ¡fantabulosa! Y para ello el señor Crockett va a tener que abandonar su taller y enfrentarse a pruebas insospechadas.

 

Un sombrero fantabuloso 2

 

El álbum está publicado por La Fragatina en su colección Lo Mullarero, y cuenta con las majestuosas ilustraciones de Roger Olmos, que arrastran al lector hacia un mundo onírico lleno de mágicos detalles y que le dejará boquiabierto.

 

Un sombrero fantabuloso 3

 

 

Fantabulosas lecturas para todos.

Su majestad la bruja

¡Ya está aquí Su majestad la bruja, el tercer libro de Princesas Dragón!

 

Su majestad la bruja.

Tal vez ya conoces a estas tres superheroínas con poderes de dragón que luchan por defender la paz en los Cuatro Reinos. En este caso solo te diré que en esta tercera aventura se resolverá por fin la profecía sobre el huevo dorado y se conocerá al misterioso enemigo de las protagonistas. Como en los anteriores episodios de la colección, no faltarán las risas, los peligros y el suspense. Y todo narrado por Koko, la princesa más guerrera (¡y la más “borde”!), que acaba de aprender a escribir solo para poder contarte esta historia. La pobre va a pasar algunos apuros para proteger a Gumi, el dragoncito de la pandilla:

 

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Si aún no conoces la serie pero te interesan estas tres princesas que prefieren las aventuras a los vestidos y que no necesitan a ningún príncipe que las rescate, te animo a que le eches un vistazo a los títulos de la colección, que hasta el momento son El misterio del huevo dorado, El pantano de las sirenas y Su majestad la bruja, todos ellos ilustrados por Luján Fernández, que ha llenado los Cuatro Reinos de color, fantasía y humor.

 

Coleccción princesas dragón

 

¡Espero que lo disfrutéis! No dejéis de enviar vuestros comentarios y sugerencias a pedro@pedromanas.com.

Por cierto, podéis encontrar divertidos coloreables de las Princesas Dragón en la página de la colección de la web de Literatura Infantil y Juvenil SM: ¡aquí! También están en marcha el cuarto libro y otras sorpresas que pronto verán la luz…

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El cuento sigue cambiando…

Feliz solsticio, feliz Navidad y feliz todo

Este año, la felicitación invernal de David Sierra y mía llega con un poco de retraso: han pasado más de 54 horas desde que el último solsticio se llevó tras de sí el otoño. No obstante, según parece nos esperan 88 días y 23 horas de invierno… no hay tanta prisa. Y a eso invita también nuestra felicitación: a tomarse con calma el frío, las fiestas, las compras y los banquetes. A no apresurarse tanto como nosotros hemos tenido que hacer para enviaros este pequeño regalo. En fin, que os deseo un feliz invierno, una recogida Navidad y un estupendo año 2017:
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Ah, y divertíos también, ¿eh?

PRINCESAS DRAGÓN: ¡Este cuento ha cambiado!

Daisy Edmonds, una niña británica de ocho años, protagonizó hace pocos días uno de esos vídeos que se hacen virales a la velocidad de la luz. Y por una buena razón: en el vídeo, Daisy se quejaba frente a su madre de que cierta cadena de supermercados ofrecía ropa con mensajes sesgados y sexistas dependiendo de a quién iba dirigida: la de los niños exhibía palabras alentadoras como “héroe” y “piensa más allá”. La línea femenina, por el contrario, se limitaba a lucir mensajes del tipo “guapa” y “me siento fabulosa”.

Es muy llamativo (y esperanzador) que, a su edad, Daisy ofreciera semejante lección de igualdad. Y es llamativo porque, a los ocho años, muchas niñas aún están esa edad en que solo sueñan con ser princesas. Bueno, ser princesa es también un asunto bastante serio.

Por eso estoy tan contento de que SM contara conmigo para la colección de la que voy a hablaros: PRINCESAS DRAGÓN. Porque me ha dado la oportunidad de trabajar con princesas como la propia Daisy: aventureras, independientes y creativas.

 

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A veces nos preguntamos por qué a tantas niñas les fascinan las princesas. Quizá parte de la explicación se oculte en los libros, películas y videojuegos que ofrecemos al público infantil. En una gran parte de ellos, el papel de la mujer se reduce a  ayudar o “asistir” o en la aventura. A veces, ni siquiera eso. A veces la chica solo está ahí para motivar al varón en sus andanzas.

Tal vez por eso las niñas sueñan con ser princesas. Porque saben que, por muy cursis que sean, al menos en las historias de princesas la chica se convierte en el centro de una aventura. Si quieren ser las heroínas de su propia vida, una de las pocas opciones parece ser la de convertirse en princesa. Después de todo, más allá de vestidos chulos y castillos encantados, una princesa es una aprendiz de reina. Es una futura líder.

También hay chicos que prefieren las princesas a los dinosaurios o los futbolistas. ¡¿Y por qué no?! Este autor que te habla es también un chico, y pocas veces se lo ha pasado mejor frente a su ordenador que escribiendo e imaginando las andanzas de Bamba, Nuna y Koko, las Princesas Dragón. Tres princesas que no son físicamente perfectas, ni cursis, ni necesitan que un príncipe las rescate. Si acaso, ellas lo rescatarán a él. Sobre todo ahora que un huevo de dragón les ha otorgado superpoderes…

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Si todo esto te parece poco, debo decir que la colección está ilustrada por la extraordinaria Luján Fernández, que la ha llenado de vida, de color y de buen humor, convirtiendo a las protagonistas en tres superheroínas medievales.

Para PRINCESASPRINCESOS por igual llega esta colección llena de magia, humor y aventuras. Especialmente recomendada si tienes entre 6 y 10 años. ¡Y ya puedes leer el comienzo del primer y segundo libro de la serie!

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Larga vida a las Princesas Dragón.

Verano de sandía (¡feliz solsticio!)

Hace unos seis meses, David Sierra y yo os deseábamos feliz solsticio de invierno con este pequeño relato. Lo malo es que ahora nos ha dado por pensar que, si quisimos celebrar con vosotros el invierno, sería injusto no conmemorar de igual forma el solsticio de verano. Dentro de poco lo mismo nos ponemos con los equinoccios. De momento aquí os dejo este poema ilustrado esperando que, como una rodaja de sandía, refresque un poquito las largas horas de calor. Felices vacaciones… si las tenéis.

 

 

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Y felices sudores.

Ya lo entenderás cuando seas niño

Estos meses de marzo y abril han sido muy ricos en charlas, talleres y actividades en colegios y ferias del libro (y lo que me queda para mayo…). Aunque uno se va habituando a estos encuentros, aún es inevitable sorprenderte cuando un niño te pregunta cuánto cuesta la máquina de hacer libros, y que si va conectada al ordenador. O cuando aquel te dice que él ha escrito un libro de una página entera. O cuando esa otra quiere saber si eres tú el autor de Peter Pan o del Diario de Greg. Son comentarios desconcertantes que, supongo, ya entenderé cuando sea niño.

También llegan sorpresas en forma de regalos: dibujos, poemas, ideas para segundas partes y hasta canciones. Hoy traigo una pequeña muestra de la generosidad de l@s pequeñ@s lector@s.

El siguiente mural es obra de Altea, Ana, Irene, María, Íñigo y Tania, alumnos del Colegio Juan Bautista Irurzun de Peralta (Navarra). Ojo al detalle, a la composición… ¡y a los brillos!

 

Mural

 

Este colorido marcapáginas es obra de Carmen, del mismo colegio de Peralta. Lo estoy utilizando en mi lectura de Los protectores, de Roberto Santiago, que por cierto ha resultado vencedor gracias a esta obra del XXXVIII Premio Barco de Vapor. Sí… ¡él me ha quitado la corona de Míster Barco de Vapor! Jo, Roberto… ¡¿por qué?! :P

 

Los protectores

 

Irene, alumna del Colegio Ferroviario y a la que conocí durante un encuentro en la 43ª Feria del Libro de Córdoba, me pasó este papelito con una idea para un nuevo libro. Abajo transcribo su mensaje, con el que me divertí un montón. Gracias, Irene… ¡a ver si se me ocurre algo!

 

Idea

Puede ir sobre una niña que se llama Irene que tiene un perro

y el sueño de ser bailarina o cantante y tú te inventas lo demás.

De Irene, tu fan.

 

Por último María, de once años y que también estudia en Córdoba, me comenta por email que quiere ser escritora de libros de aventuras, y me manda el principio de su próxima historia, La sombra de blanco:

“Sofía era una niña a que le gustaba mucho los libros de misterio.
Ella soñaba con ser una detective, así que se buscaba casos que resolver. Una vez consiguió encontrar los calcetines de la lavadora que faltaban.
El lunes por la tarde, Sofía volvió del colegio, se chocó contra un hombre de poca estatura. Sofía se disculpó pero el hombre no habló nada. Él desprendía un haz de luz blanca. Sofía encontró otro caso que resolver…”

 

No diréis que no intriga.

 

 

Un monstruo en la lavadora

Madrid.

Una ciudad invivible pero insustituible. Así la llamó Joaquín Sabina en la presentación de “Pongamos que hablo de Madrid” en 1981. Yo no me enteré, claro, porque aquel año andaba naciendo y esas cosas. Pero más adelante, en el tiempo en que los casettes de Sabina ardían en la radio del coche de mi padre, me fui quedando con la copla: me había tocado vivir (en) una ciudad que se suele amar y odiar por igual. Y tan grabada se me quedó la frase que hasta me inspiró un poemario: Ciudad Laberinto.

En Madrid no ocurre como en los pueblos. No basta con alejarse unos cientos de pasos del centro para perder de vista los coches, el ruido, la prisa. Aquí a menudo ocurre lo contrario. Se huye mejor hacia el corazón del laberinto.

Es precisamente en el centro, en pleno Barrio de las Letras, donde se encuentra el Espacio Kalandraka, un territorio a medias entre la librería, la asociación cultural, la sala de exposiciones, la cabaña en el bosque y el propio bosque. Haga lluvia, sol, buen o mal humor, es un lugar genial al que escapar. ¿Cómo no va a serlo, si al entrar me dan ganas de descalzarme? Eso significa que es un buen refugio.

 

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Y allí nos refugiamos el sábado pasado para presentar Trastario: nanas para lavadoras. Un libro de poemas para hacer soñar, reír, dormir y temblar a los trastos y a los que vivimos entre trastos: esas raras mascotas que ocupan nuestros salones, nuestras cocinas, nuestros bolsillos… neveras, teléfonos, aspiradoras, relojes y máquinas de escribir. Chismes con los que chismorrear. Electrodomésticos domesticados. Máquinas que maquinan. Cacharros y cachivaches con vida propia.

 

Imagen Espacio Kalandrakaimagen amablemente cedida por @melolees

 

¿Qué sueña una tostadora? ¿Por qué se ha enamorado el reloj de la cañería rota? ¿Quién se oculta bajo la tapa del piano? Para responder a tantas preguntas se reunieron un montón de trastos de entre -calculo yo- tres y ocho años, con cuerda para rato. Y sus padres, claro, dándolo todo. Y María, haciéndome de fotógrafa y de poste de telégrafo. Y Belén, cantando, recitando, presentando, inventando juegos… De mujer orquesta.

 

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Y yo tropezándome en los poemas, cambiándole el nombre a lo niños y sacando el trasto que llevo dentro. Tan rápido pasó todo que, cuando me quise dar cuenta, ya estaba solo otra vez con mi Trastario… Bueno, las alegres ilustraciones de Betania Zacarías me acompañaban un poco…

 

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Aquí dejo, de recuerdo de la mañana de sábado, un fragmento de “Receta para hacer un monstruo”, una foto chulísima de kalandrakaeditora y un tirón de orejas para mí, por no pasarme más a menudo por el refugio Kalandraka.

 

Trastario en lavadora

 

Primero, los ingredientes:
un buen calcetín peludo,
un felpudo maloliente,
cuatro dientes de ajo crudo
y un poco de detergente.
Dos botones de una blusa,
tres pelusas de tu ombligo,
un abrigo de señora,
jabón, canela y un higo.

Y sigo:
todo junto a la cazuela…
¡¿Qué cazuela?! ¡Lavadora!
La encendemos con cautela,
cerramos la portezuela
y esperamos una hora.

Recomiendo un prelavado.
De enjabonado, lo justo.
Lavapimentar sin miedo,
salcentrifugar al gusto…

 

 

¿Quién sabe cómo sigue?

Feliz solsticio

Hoy comienza el invierno.

Para celebrarlo, quiero compartir con vosotros un pequeño cuento escrito para la ocasión y que, generosamente, ha ilustrado David Sierra. Ojalá os ayude a hacer más corta la noche más larga del año. ¡Felices fiestas!

 

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Sed buenos.

 

Érase un disparate (III)

Una nueva historia disparatada, en esta ocasión fruto de la imaginación de l@s pequeñ@s cuentistas del Colegio Antonio Machado de Alcalá de Henares. Gracias a todos, y muy especialmente a Natalia, Carlos, Miguel, Alberto, Darius, Albino, Bela y Adrián. Allá vamos de nuevo con el vampiro enamorado de una vaca… y preparáos, porque esto huele a novela rosa.

 

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Érase una vez un vampiro que se enamoró perdidamente de una vaca.

Aquella vaca, sin embargo, estaba casada a su vez con otra vaca (Natalia).

El amor agobiante del vampiro terminó por hacer que las dos vacas se dirvociasen (Carlos).

Para entonces, sin embargo, el vampiro (muy inconstante en sus afectos) se había vuelto a enamorar… de un toro (Miguel).

Con tan mala suerte que resulta que también aquel toro estaba prometido con una tercera vaca (Alberto).

Cuando la vaca entró en su establo y vio a su amado toro besando a un vampiro, casi se desmaya allí mismo (Darius).

Aquel beso envenenó para siempre la relación vacuna, y el toro y la vaca rompieron (Albino).

Claro que para entonces el vampiro ya se había marchado a Rusia a buscarse una nueva novia (Bela).

Hartos de las tonterías de aquel vampiro tan caprichoso, todas las vacas y toros de esta historia decidieron casarse entre sí (Adrián).

 

Hay que admitir que esta vez, más que cuento, nos salió un auténtico culebrón ;). Pero cada vez me resulta más curioso ver que, al contrario de lo que uno pudiera pensar, los niños recurren más en sus cuentos a temas “tabú” -como la violencia o la infidelidad- que a otros que suponemos más propios del imaginario infantil, como la fantasía o la magia.

 

 

Tengo que pensar en esto.

Un mueble más

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Gina Papadopoulos es un mueble más. Un día sí y otro no, su hija Dorothy le pasa un plumero de plumas sintéticas de avestruz, y en vacaciones la cubre con una funda blanca para que no coja polvo. A veces, sobre todo cuando Dorothy discute con su marido, se enfada y le da por cambiar la distribución de muebles del salón, y entonces arrastra el sofá donde está sentada la señora Papadopoulos para ver si queda mejor junto a la ventana o bajo la lámpara de pie. La señora Papadopoulos se desliza en su sofá y sigue tejiendo sin decir ni “mu”.

Gina Papadopoulos tiene ochenta y seis años, dos ojos oscuros y chispeantes escondidos bajo una montaña de arrugas, y un par de agujas de hacer punto que echan humo de tanto enredar lanas de colores. Llegó de Grecia hace más de medio siglo, a bordo de un barco y huyendo de ya no recuerda qué.

 

La ilustración que acompaña al texto es obra de David Sierra.