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Olor a niño tierno

Tal vez Hansel y Gretel, perdidos al anochecer en un bosque oscuro e incapaces de encontrar las migas que habían tirado para encontrar el camino de vuelta a casa, cantaron algo parecido a esto para darse ánimos el uno al otro. Y tal vez alguien más les estaba escuchando…

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¡Camina, camina, camina!
Aunque el camino se enrede,
se enrosque…
¡Camina!
Porque el viento desde el bosque
trae olor a golosina.

¡Sin miedo, sin miedo, sin miedo!
Aunque la noche me cubra,
me envuelva…
¡Sin miedo!
Porque el viento de la selva
trae olor a caramelo.

¡A escape, a escape, a escape!
Aunque la bruja te espere,
te atrape…
¡A escape!
Porque el viento del invierno
trae olor a niño tierno…
Ejem, digo… ¡a chocolate!

 

                                 -No me gusta eso último –interrumpe la niña.
                                 -¿Por qué lo cantas, entonces? –le pregunta su hermano, molesto.
                                 -¡No he sido yo! –protesta Gretel. Le tiemblan un poco las pecas.

 

La ilustración que acompaña al texto es obra de David Sierra.

 

Feliz domingo… y cuidáos del olor a caramelo.

Érase un disparate (I)

Vaca y vampiro

 

En los encuentros con lectores en colegios casi siempre me quedo sin tiempo para decir todo lo que quiero decir y para escuchar todo lo que tienen que decirme. En las raras ocasiones en las que nos sobran cinco minutillos, aprovechamos para hacer crecer un cuento rápido, sobre todo para demostrar eso que siempre digo en las charlas: “algunos querréis ser médicos, otros futbolistas y otros limpiadores de alcantarillas… pero cuentistas somos todos”.

Lo único que yo pongo, la semilla, es siempre un comienzo disparatado para la historia, y siete niñ@s se encargan de hacer brotar un cuento completo.

Mi idea era la de colgar aquí la grabación de los cuentos, pero parece ser que la información acústica, al igual que la de tipo gráfico, constituye un dato personal del menor y no se puede utilizar sin el consentimiento expreso de sus padres o tutores legales. Me da un poco de lástima, porque el audio de la narración en directo siempre es más divertido, pero me conformo con transcribir aquí las creaciones de los pequeños cuentistas. Al hacerlo trato de darle forma y añadirle ciertas modificaciones para añadirle claridad, coherencia y algunos toques de color, pero todo el mérito del cuento es suyo.

El primer relato pertenece a los cuentistas del curso de 5º de primaria del Colegio Vicente Aleixandre de Valdemoro, y los narradores son (por orden de intervención): Sara, Natalia, Natalia (bis), Ali, Antonio, Roberto y Penélope. Y dice así:

 

Érase una vez un vampiro que se enamoró perdidamente de una vaca…

El vampiro había llegado volando desde su planeta a la tierra, donde esperaba encontrar un humano suculento para chuparle la sangre (Sara).

Quiso el destino, sin embargo, que aterrizase poco antes del amanecer en una granja donde, más que humanos, había vacas (Natalia).

Y en especial una hermosísima que tenía la cualidad de cambiar de color según el alimento que comiese. Si comía hierba, se volvía azul. Si bebía agua, se ponía amarilla, y así sucesivamente (Natalia).

Aquel día la vaca estaba roja como un tomate maduro y el vampiro, lógicamente, cayó rendido de amor a sus pies. Lentamente se acercó a la vaca y la mordió en el cuello para chuparle la sangre, lo que según parece es el modo en que los vampiros demuestran su amor (Ali).

En esto empezó a salir el sol y el vampiro salió huyendo, sintiéndose muy mal. ¡Resulta que el alimento que ponía de color rojo a la vaca era el ajo! (Antonio).

La vaca, malherida, comenzó a buscar al vampiro por todas partes, no se sabe si para darle un beso o una cornada (Roberto).

El amor terminó mal. El vampiro murió envenenado por el ajo y la vaca murió de pena buscándole sin encontrarle jamás (Penélope).

 

Tan trágico resultó el final de la historia de amor que inventamos que l@s niñ@s estuvieron de acuerdo en titularla, homenajeando a Shakespeare, La tragedia de Vampireo y Vaqueta.

 

POSDATA: Niños y niñas, ¿por qué siempre me matais a la vaca?

Música en el laberinto

De un libro puedes esperar muchas alegrías: sostenerlo entre las manos por primera vez, descubrir poco a poco el trabajo del ilustrador o ilustradora, que alguien se te acerque a decirte lo que más le ha gustado o se tome la molestia de reseñarlo en su blog…

Lo mejor, sin embargo, son quizá las alegrías inesperadas. Ciudad Laberinto me ha dado varias. Una de las más especiales fue la musicalización de algunos poemas por parte de José María Alfaya (aquí su Twitter). ¿Quién me iba a decir a mí que alguien iba a convertir mis versos en canciones?

 

Laberinto musical

Aunque no le conozco lo suficiente, creo que es difícil definir a José María. Funcionario, animador sociocultural, cantautor, activista político, columnista, poeta, trovador… y quién sabe cuántas cosas más. En esta breve semblanza recogida del blog La isla inexistente se dan algunas pistas sobre su trayectoria vital y profesional:

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“José María Alfaya nació en Ceuta y estudió en Granada. Mientras estudiaba su carrera de Filosofía y Letras comenzó su actividad sindical y política. Se vio obligado a marchar de cooperante y exiliado a Argelia. En 1975 le llega el indulto que ofrecía la amnistía a cambio de la pérdida de memoria. Aún así decide quedarse en Marruecos como trabajador sociocultural. Regresa a España en 1984 y es uno de los periodos de paro cuando comienza a cantar en bares y otros escenarios. Se declara aficionado a la cienci-ficción y además marxista-darwinista, reclamando la práctica diaria del humor político y creyendo en la inteligencia del pueblo (organizado)”.

Con Alfaya coincidí un otoño de 2010 en Proyecto ADN (A Dudar por Necesidad): un programa que emitía la emisora Radio Círculo y que aquel día estaba dedicado a la ciudad y la ciudadanía.

José María me propuso musicalizar algunos de los poemas de Ciudad Laberinto, y así lo hizo. A los pocos meses, me llegaron esta maravilla de canciones que tenía muchas ganas de compartir. Ahora que el blog me da la oportunidad de hacerlo, aquí os las dejo, en la versión que sonó en la Sala Galileo de Madrid a finales del 2011. Espero que os gusten. Y gracias, José María.

 

CIUDAD LABERINTO

LA ORQUESTA

EL HOMBRE SIN NOMBRE

CANCIÓN PARA HACERSE RICO

ESTACIONES

 

Más adelante, otras alegrías inesperadas.

Entrevista

Hacer una buena entrevista siempre me ha parecido dificilísimo. Elegir las preguntas justas, saber escuchar, ser buen improvisador para recoger el testigo de una respuesta interesante, crear un clima de confianza… Escoger bien al entrevistado también importa, claro:

 

platano

 

El caso es que a l@s alumn@s del C.P. Gerardo Diego de Leganés esto de las entrevistas se les da muy bien. En realidad, a est@s niñ@s parece que se les da bien casi todo. Son grandes entrevistadores, lectores voraces y conversadores inquietos.  Por eso ha sido un gusto volver por el Gerardo Diego este año a charlar de Klaus Nowak, limpiador de alcantarillas, sobre el que organizamos un encuentro que salió redondo. Vaya parte del mérito para el equipo docente, y en especial para Gloria, la encargada de biblioteca, que se volcó en la preparación del evento. En ocasiones así casi da pena que te toque dirigir la charla, porque lo que realmente te apetece es escuchar.

Recientemente Gloria me ha hecho llegar las entrevistas que l@s alumn@s habían preparado para el encuentro, y de las que, dado el tiempo reducido de la sesión, solo pudimos escuchar una pequeña parte. Ahí va mi propia selección de las preguntas que los alumnos me plantean en sus trabajos, con sus correspondientes respuestas:

Entrevistas

¿Por qué decidiste escribir el libro sobre las alcantarillas? (Natalia)
Yo quería un escenario original para mi cuento, porque valoro mucho la originalidad… el intentar aportar algo nuevo. Y es que ya hay muchos libros sobre bosques y duendes. Se me ocurrió que las alcantarillas eran un lugar único y estupendo para poner a funcionar la imaginación: un lugar oscuro y misterioso sobre el que caminamos cada día sin darnos cuenta y en el que podría suceder casi cualquier cosa.

¿En qué lugar está inspirado el libro? (Ruth)
En ninguno en concreto. En realidad es una mezcla de recuerdos de los viajes que hice de pequeño con mi familia, especialmente al centro y norte de Europa: Holanda, Austria, Hungría… Esos son los países a los que suelo viajar cuando escribo… sin moverme de mi habitación.

¿Has sacado ideas de otros libros? (Sergio)
¡Claro! Y muchas veces sin darme cuenta. Especialmente los libros que leí de pequeño los llevo siempre conmigo, sus personajes me acompañan a todas partes y podría recitar algunos de sus párrafos de memoria. No es raro que de vez en cuando se me cuelen en mis propias historias.

¿Qué haces cuando no te viene la inspiración? (Violeta)
Llorar… Bueno, tanto no, pero sí desesperarme un poco. Cuando me calmo apago el ordenador y me pongo a pasear, a leer, a ver una película, a charlar con mis amigos, a pegarme una ducha… la inspiración suele ir a esconderse a esos lugares.

¿Cuál es tu película favorita? (Alexis)
Es muy difícil elegir solo una, pero citaré El tercer hombre, de Carol Reed, porque en ella aparece una trepidante persecución por las alcantarillas que, estoy seguro, de algún modo inspiró algunas de las escenas de Klaus Nowak.

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¿Escribes también para adultos? (Violeta)
Ay, de vez en cuando, pero me resulta complicado. Y es que a los adultos cada día los entiendo menos. A l@s niñ@s, en cambio, cada vez más.

¿Has ilustrado algún libro? (Lucía)
No, y mira que me hubiese gustado. El caso es que me encanta dibujar, pero solo como afición. Como curiosidad, aquí os dejo un par de ilustraciones que en cierta ocasión elaboré para dos cuentos que escribí hace mucho tiempo. No son muy profesionales, pero a mí me gustan.

                               anciano alimenta palomas copia malperro copia

Si tuvieras que convencer a alguien para que se lea el cuento… ¿qué le dirías? (David)
Creo que no podría, no valgo para publicista. Sería incapaz de ir por ahí diciendo que mi cuento es el mejor o que hay que leerlo antes que otros, porque mentiría. Creo que si un libro es realmente bueno, él mismo se las apañará para que lo lean.

*****

La despedida de hoy corre a cargo de Tábata (6º de primaria), que cerró su entrevista con un poema que, además de sonrojarme, demuestra que est@s niñ@s del Gerardo Diego valen para todo…

 

Miro al futuro
y veo
un pajarillo, pero
no para de piar.
A sí mismo se cuenta
cuentos de Pedro Mañas.
Parecía contento
al saber
que era una gran persona,
amigable, fiable
y con buenos modales.
Sus grandes historias,
sean en verso o en prosa,
eran para él
sus ovejas para dormir,
las hojas para el clavel
o para un escritor escribir.

 

Gracias por todo, chic@s. Devolvemos la conexión.

Para ser un buen autor hay que venir al sur

Y que Rafaella Carrá me perdone el plagio.

Pues sí, este año mi temporada de encuentros con lectores empezó en el sur, en Málaga, donde, una vez más, la delegación de Anaya Comercial me acogió estupendamente durante casi una semana, y me dio unas cuantas vueltas por la provincia, desde la costa de arena oscura de Almayate hasta los 724 metros de altura y viento de Cuevas del Becerro, en la serranía de Ronda. Gracias a todos.

Siempre digo que los niños malagueños tienen más desparpajo que los de aquí. Aunque creo que eso es solo algo que me invento –porque anda que les falta desparpajo a los madrileños–, a fuerza de creérmelo casi todos los encuentros de este año han resultado ricos en participación, risas, descaro, preguntas atrevidas y respuestas más atrevidas aún. En una palabra, agotadores. En cinco palabras, como a mí me gustan.

Un inciso. Hace unos seis años, cuando empezaron a moverme por los coles de Madrid, los encuentros no me gustaban ni de un modo ni de otro, sencillamente porque me aterrorizaban. Me plantaba allí, delante de veinte, sesenta o cien niñ@s y me decía: “todo lo que se me ocurre contarles ya está en mis libros… entonces, ¿qué les cuento ahora?”. Con el tiempo he ido viendo que, más que contar, lo importante es aprender a escuchar lo que ocurre durante el encuentro. Y cada día los disfruto más.

Ya me estoy liando. Aquí dejo, en forma de álbum de fotos, algunos de los momentos más destacables del viaje a Málaga.

Empiezo con una de las cosas que más pueden emocionarme cuando voy a charlar con lectores del libro Una terrible palabra de nueve letras, y es que los alumnos hayan comprendido que toda la obra es, en realidad, un homenaje a las palabras (palabritas o palabrotas, eso da igual) y al lenguaje como juego. Así lo reflejaron los niñ@s del colegio Juan Paniagua de Almayate, con este ingenioso y colorido mural con las palabras claves del libro, al que tuvieron la brillante idea de dar la forma de un crucigrama… No contentos con eso, terminé la sesión metido en un rosco de pasapalabra que ellos mismos habían construido… Y es que las palabras son los juguetes más baratos del mundo.

 

El poder de las palabras

 

Sobre las paredes del mismo colegio me encuentro con el siguiente póster elaborado por l@s alumn@s. Yo, que soy hijo de Madrid y de los 80, no me resisto a enseñarlo:

 

Mural 80

 

Uno de los momentos más divertidos del viaje me sucedió en la intimidad de la habitación 202. Me enfrentaba a unos ochenta libros que, por cuestiones de tiempo, me había llevado a firmar al hotel. Esto fue lo que me encontré escrito en las guardas de uno de los ejemplares… ¡sin palabras!

 

Guardas

 

Leo, alumno de 3º B del Liceo Alemán de Málaga, me regaló este pedazo de dibujo donde da su interpretación personal de Amanda Banks y su muñeca. En la foto inferior podéis ver que el dibujo está dedicado, entre otros… ¡al “Señor Anaya”!. Bueno, Leo, hasta que el Señor Anaya venga a reclamar su mitad del dibujo, me lo quedo todo para mí.

 

Dibujo LeoDedicatoria Leo

 

Una muestra del arte de los niños malagueños en torno a Una terrible palabra de nueve letras:

 

Arte
Por último, en el colegio San José Obrero de Cuevas del Becerro me obsequiaron con un lote completo de productos tradicionales de la comarca: aceite de oliva virgen extra, polvorones, miel natural, lomo en manteca y suspiros dulces. Suspiros los que dio mi familia cuando me vio llegar con tanta cosa rica… ¡Muchas gracias! Eso sí, la foto me quedó como de “Cuéntame”.

 

De la tierra

 

Señor Anaya… ¿me lleva otra vez al sur el año que viene?

Estreno casa.

Y cualquiera que pase es bienvenido.

Lo primero, los agradecimientos al arquitecto. El ilustrador David Sierra ha sido el responsable de poner en pie esta web, cuyo objetivo era el de convertirse en un hogar cómodo y funcional, pero también acogedor. Y lo ha conseguido mediante unas ilustraciones sencillas y modernas, pero con ese aire vintage (y perdón por ese anglicismo que ni siquiera recoge la RAE, pero suena mejor que “anticuado”) que reconozco tan propio de mi imaginario literario. Y lo ha hecho partiendo apenas de unas pocas indicaciones. Muchas gracias, David.

Esta habitación, el blog, será previsiblemente la más dinámica, y en ella -con toda la frecuencia que me permitan mi trabajo y mi pereza- iré dando noticia de encuentros, publicaciones, charlas y otros eventos relacionados con mi actividad literaria.

Acabo de enterarme de que la palabra blog deriva de la expresión web log. O sea, “diario web”. Siguiendo con mi afición por lo anticuado, me quedo para mi blog con esa acepción un poco arcaica de “diario”, la de un documento con cierta vocación literaria en el que se trata de dar color a lo que nos ocurre, de hacer diferente lo que, en el fondo, nos sucede casi cada día.

Por eso, aunque cualquier evento literario suele tener su parte rígida y formal, la idea de este blog es la de dar protagonismo a todo lo que se salga de lo habitual, a lo que distingue un encuentro de otro y a una charla de otra, a la participación de los niños, a lo que no espera uno encontrarse en una firma de ejemplares, a las curiosidades que hay detrás de cualquier libro, a los secretos que se esconden en una ilustración… En pocas palabras, a todo lo que -creo- puede resultar divertido.

 

Nada más que añadir por hoy. Gracias por tu visita… y vuelve pronto.